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Tierras sí, aviones no

industrialización

Por Sergio Sarmiento

  • Son profundamente conservadores, pero se presentan con máscara de progresistas.

Su lucha es similar a la de los luditas ingleses del siglo XIX, trabajadores textiles que irrumpían en las fábricas para destruir telares e hiladoras por temor a que la tecnología les robara sus empleos. No entendían o no querían aceptar que al rechazar la tecnología se estaban haciendo daño a sí mismos.

Esta actitud profundamente conservadora está muy arraigada en nuestro país. Hemos visto marchar a los activistas desde San Salvador Atenco con machetes y pancartas con el incongruente lema: “Tierras sí, aviones no.” Pero ¿realmente debe una sociedad escoger entre la tierra y la aviación? ¿Hay que eliminar todos los aeropuertos y la aviación comercial? ¿Nos hará esto más prósperos? ¿Acabará con la pobreza endémica que se concentra en el campo?

El campo no será la solución a la pobreza si se mantienen las políticas conservadoras que estos grupos defienden. Rechazan, para empezar, la propiedad privada de la tierra. Quieren mantener un sistema ejidal en que los campesinos no gozan de verdaderos derechos de propiedad sobre su tierra y no pueden por lo tanto ni venderla ni utilizarla como garantía para créditos privados. Una de las razones más importantes de la miseria del campo mexicano es la falta de derechos de propiedad que afecta a más del 50 % del territorio nacional.

Estos mismos grupos rechazan el uso de transgénicos. Poco les importa que todos los estudios científicos demuestren que éstos no implican riesgo y son incluso menos riesgosos que los productos tradicionales. Ven el maíz transgénico como una especie de demonio. Nadie cuestionaría que ellos no lo usaran en sus predios, pero el problema es que han logrado que se prohíban y no se permita su uso por aquellos que sí entienden sus ventajas productivas.

Lo curioso es que la prohibición no es una barrera al consumo de transgénicos sino simplemente a su producción. Uno de los resultados es que tenemos una menor producción y terminamos importando maíz, principalmente amarillo, de Estados Unidos que es 100% transgénico.

Estos grupos conservadores le han ocasionado un enorme daño a México. En otros países la población rural tiene una prosperidad similar o superior a la urbana. En México la pobreza del campo es lacerante. Las políticas conservadoras que han impedido la inversión productiva en el campo son también las causas de esa pobreza.

¿Por qué no podemos tener un campo productivo, con la máxima tecnología, y un aeropuerto también que multiplique vuelos y el número de pasajeros? ¿Por qué se debe prohibir a los campesinos vender su tierra para la construcción de un aeropuerto o sembrar las mejores semillas de maíz o de otros productos que la tecnología ha producido?

Cuando los luditas de la Inglaterra del siglo XIX destruían las nuevas máquinas textiles lo hacían porque pensaban que así protegían sus empleos. No se daban cuenta de que con el tiempo esas mismas máquinas elevarían la calidad de vida de los obreros en los países industrializados a niveles antes insospechados.

Efectivamente, la tecnología ha logrado que los trabajadores en el mundo desarrollado gocen hoy de condiciones de trabajo e ingresos muy superiores a los que antes parecían imposibles. Ésa es la parte positiva del tema. La negativa es que los trabajadores en los países pobres siguen sufriendo de condiciones tan malas como las de los obreros ingleses del siglo XIX. Pero una de las razones es que carecen de acceso a la tecnología más avanzada o a empleos más calificados como los que pueden surgir en un aeropuerto. Lo paradójico es que estos avances que podrían acabar con la pobreza son precisamente los que rechazan los grupos conservadores que se dicen progresistas.

 

Twitter: @SergioSarmiento

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