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El imparable robo de arte sacro

 

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Por Alejandrina Aguirre Arvizu

 

  • El tráfico ilícito de piezas religiosas en México es una batalla que se debe librar en varios frentes o se corre el riesgo de perder el tesoro histórico y cultural del país.

 

El repicar de las campanas de la iglesia de Santa María Acuexcomac rompió la tranquilidad de San Pedro Cholula, Puebla; su tempranero tañer no auguraba nada bueno. Cuando decenas de pobladores se congregaron afuera del templo del siglo XVII, la desgracia ya había caído sobre el lugar y pronto la noticia se regó por todo el poblado: habían saqueado la iglesia.

Todo se gestó la trágica madrugada del 5 de octubre de 2012. Varios sujetos aprovecharon que los andamios de la fachada del edificio religioso estaban apostados por los trabajos de mantenimiento de la fachada para subir, ingresar por la azotea que conecta con el campanario y colarse al interior del templo.

La fortuna estuvo con los ladrones en todo momento. Una vez en el interior colocaron escaleras y lazos para apropiarse de una decena de imágenes, entre ellas las de san Antonio de Padua, san Cristóbal, san Ignacio de Loyola, los arcángeles del retablo principal (san Rafael, san Gabriel, san Miguel y san Uriel), los angelitos del Santo Entierrito y otros arcángeles. El lienzo de Las Ánimas del Purgatorio del siglo XIX de 2.5 metros de ancho por 4 metros de alto, fue cercenado para facilitar su transportación, los ladrones sólo tomaron la parte central y dejaron el resto de la pieza en el piso.

Mientras los parroquianos lloraban la pérdida de sus santos afuera de la iglesia, la policía judicial y los peritos de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Puebla, realizaban las investigaciones. Las autoridades eclesiásticas desconocían el monto del botín que sólo fue calificado como valioso patrimonio de fe. Si bien más tarde se presentó la denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR), ya que estos delitos son considerados del orden federal, no existía un inventario ni una cantidad aproximada del valor de lo robado.

Entre profesionales

El robo de arte sacro en México, aseguran los expertos, pasó de ser un asunto individual de un solitario ladrón que entraba a un templo y robaba un candelabro o una pintura mal puestos, a una verdadera industria del crimen organizado que deja ganancias multimillonarias.

Según datos del Centro Católico Multimedia 26 iglesias son robadas cada semana en el país, lo que representa un aumento de 600% en los últimos 20 años. En el sexenio foxista, según cifras del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), 964 objetos religiosos fueron sustraídos de 19,000 edificios sacros, y sólo se recuperaron 190. De acuerdo con datos de la Interpol, México es el país de Iberoamérica que encabeza la lista de naciones con este problema. Las denuncias ante las autoridades alcanzan apenas el 6% de los robos, lo cual facilita que los ladrones actúen con impunidad.

Frente a esta apatía el nivel de especialización de los delincuentes se incrementa: 42% de los atracos está atribuido a ladrones que poseen catálogos específicos de joyería, crucifijos, coronas, imágenes con bordados en oro y plata, óleos, lienzos, piezas talladas en madera policromada, esculturas, cuadros, y medallones con acabados en estofado de oro estilo barroco y neoclásico de la época virreinal. Previamente a un golpe, los ladrones visitan el lugar no sólo para planear el hurto sino para estudiar el acervo, clasificar los objetos antes de robarlos y algunos hasta tienen el descaro de difundir su felonía en Internet.

Las estadísticas de los expertos revelan cuestiones interesantes: siete de cada 10 recintos robados son santuarios marianos debido a que la imagen más valorada por los ladrones es la virgen de Guadalupe. Se estima que las ganancias anuales de este saqueo alcanza los 83 millones de pesos. Las autoridades suponen que los principales clientes de los ladrones son galerías privadas, coleccionistas y anticuarios del DF, Puebla, Monterrey, Guadalajara, Estados Unidos, y algunos incluso lo hacen por encargo.

El escenario poblano

El estado de Puebla ocupa el nada honroso título de ser la entidad con mayor número de saqueos y robos de arte sacro (216), aunque se entiende que así sea, debido a los tesoros que albergan sus recintos religiosos. Le siguen los estados de Tlaxcala, Hidalgo, Jalisco, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Oaxaca y Colima.

Un dato preocupante es que de 1999 a 2013 fueron sustraídos 1,011 objetos de los 216 robos perpetrados en la entidad poblana. Datos del INAH, contenidos en Estadísticas Generales de Robo de Arte Sacro en Inmuebles Religiosos en el Estado de Puebla, indican que el mayor porcentaje se concentra en 79 de los 217 municipios. Las alcaldías con mayor número de robos son Puebla con 16, San Andrés Cholula con 12 y Atlixco con 10. Otros lugares del país donde se corre gran peligro son: Acajete, Acatzingo, Ajalpan, Aljojuca, Amozoc de Mota, Aquixtla, Atempan, Atzizihuacan, Cohuecan, Coronango, Coxcatlán, Coyotepec, Cuapiaxtla de Madero, Cuyoaco, Chalchicomula de Sesma, Chiautla de Tapia, Esperanza, Huejotzingo, Izúcar de Matamoros y Tepeaca.

Durante los sexenios de Vicente Fox y de Felipe Calderón, el INAH interpuso 162 denuncias penales por robo de arte sacro en el estado de Puebla. Los incidentes involucran, al menos, a 660 bienes muebles. Esculturas en madera que representan a santos o vírgenes; pinturas de caballete, lienzos y óleos; coronas, cálices y prendas milagrosas, entre los objetos sustraídos.

En esta década se ha logrado reducir el índice de robos debido al seguimiento que hace la PRG de los objetos que se declaran perdidos y a los operativos que se realizan en tiendas de antigüedades, bazares y galerías.

Afortunadamente, en 2014 no ha habido ningún robo: “No es para echar las campanas al vuelo”, dice Juan Manuel Reyes Ortega, jefe del departamento de trámites y servicios legales del centro regional del INAH en Puebla.

Urge un catálogo

El INAH realiza con la Iglesia católica una campaña de prevención patrocinada por la Dirección General de Monumentos, que consiste en reuniones con los sacerdotes de las parroquias y con los mayordomos que con regularidad sacan en las procesiones piezas e imágenes valiosas que deben cuidar y proteger para evitar el deterioro o, lo peor de todo, el robo. Son asesorados en la instalación de alarmas y circuitos cerrados de televisión. Se les pide no dejar los templos sin vigilancia ni seguridad, explica el abogado del INAH.

Una herramienta clave para inhibir el robo, reclamar las piezas robadas y ayudar a la investigación policiaca, es la realización de un catálogo de bienes inmuebles religiosos con la participación de expertos del INAH, el Conaculta, universidades, la Iglesia y la sociedad, aunque todavía no existe presupuesto para ejecutarlo.

El secretario del ayuntamiento de Puebla, Mario Riestra Piña, aseguró que si bien la entidad poblana ocupa el primer lugar en robo de arte sacro en México, esto se debe también a la falta de interés de las instituciones gubernamentales en las investigaciones, por lo que se requiere impulsar reformas para tipificarlo como delito grave. La laxitud en la legislación ha permitido que esta actividad delictiva se convierta en la segunda con mayores ganancias en el territorio nacional, después del narcotráfico, reprocha el funcionario municipal. Por su parte, Eugenia Macías Guzmán, doctora en historia del arte, curadora e investigadora en historia del arte de la Escuela Nacional de Estudios Superiores campus Morelia, de la UNAM, dice que en México el robo de arte religioso persiste porque las iglesias no cuentan con una infraestructura y organización que proteja ese patrimonio.

Para Olga Orive Bellinger, maestra en restauración por la Università degli Studi di Roma, La Sapienza, Roma, y presidenta del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, ICOMOS Mexicano, A.C., organismo de la Unesco, el robo se ha incrementado en la medida que ha desaparecido la figura del mayordomo en el templo, quien cuidaba y protegía el patrimonio. Por ello sugiere que los investigadores del INAH involucren a los feligreses para que estén en contacto con los tesoros religiosos y los asesoren para diseñar catálogos parroquiales.

Alberto Soto Cortés, doctor en historia por la UNAM, especialista en arte virreinal y coordinador de Historia del Arte de la Universidad Iberoamericana, señala que el robo es una realidad porque no existe un registro del total de las piezas. En algunas partes hay inventarios mal hechos, lo que resulta un problema, porque lo que no está registrado no puede demostrarse que ha sido sustraído, y entonces la autoridad judicial no tiene forma de encontrarlo. Se suma a esto que en la mayoría de los casos no se presenta una denuncia por desconfianza en los procesos judiciales. Para las autoridades policiacas el robo de arte es una preocupación menor además de que sus investigadores ni siquiera están capacitados para detectar los mercados negros y detener a los culpables.

Trabajo en conjunto

Por el momento hay tranquilidad. En este año se ha evitado el robo de piezas religiosas, a diferencia del periodo de 2007 a 2013, que vivimos momentos críticos.  En los últimos meses algunas iglesias han instalado alarmas y circuitos de televisión e incluso las personas (vecinos y parroquianos) hacen guardia mañana, tarde y noche, con el objetivo de evitar robos, lo que ha disminuido considerablemente los hurtos, afirma el sacerdote Francisco Vázquez  Ramírez, apoderado legal de la arquidiócesis de Puebla y rector de la catedral de Puebla.

Según el ayuntamiento de Puebla de los 64 templos ubicados en el primer cuadro de la ciudad, 20 están integrados al programa Centinela del Centro de Emergencia y Respuesta Inmediata. La Catedral, el templo del Carmen, la capilla del Rosario del templo de santo Domingo y la capilla con la imagen del Señor de las Maravillas, son algunos de los recintos que cuentan con sistemas de vigilancia, porque fue lamentable la pérdida de las imágenes de la iglesia de Santa María Acuexcomac, objetos irremplazables que serán difíciles de recuperar, lo que hace necesario unir esfuerzos para evitar situaciones similares, ya que el arte religioso es una riqueza de Puebla, porque el robo lastima la fe de una comunidad y debe ser tipificado como un delito grave.

Cabe destacar que la arquidiócesis poblana ha realizado más del 70% del inventario en sus parroquias con la participación de sacerdotes y laicos.

Estos robos de los últimos tiempos son ejemplo de una realidad que desde hace años rebasa a las instituciones culturales, las corporaciones policiales y las autoridades eclesiásticas, dañando el patrimonio cultural mexicano.