Miércoles , Junio 28 2017
facebook@ twitter@ instagram@ youtube@
Inicio / COLUMNAS / El convento de Santa Inés hoy Museo José Luis Cuevas

El convento de Santa Inés hoy Museo José Luis Cuevas

Museo José Luis Cuevas


Por Fernanda de la Torre Verea

 Una vieja casona de finales del siglo XVI que fue rescatada, restaurada y reabierta, forma parte ya del rico patrimonio histórico  del Primer Cuadro de la Ciudad de México.

Me construyeron para albergar mujeres y pese a tantos cambios en estos siglos, hoy sigo teniendo la misma vocación: albergo a una mujer enorme.

Permítanme contar mi singular historia. Algunos edificios son fruto de la esperanza, yo no. Las lágrimas de una pareja por un vientre estéril fueron las que dieron origen a mis muros. Los años pasaban y no llegaba el heredero. Mes a mes, la esperanza se desvanecía hasta que ya no quedó duda: doña Inés Velasco y su marido Diego Caballero, no serían padres. Con la intención de dejar un legado, decidieron fundar un convento. ¿Por qué un convento y no una escuela? No lo sé. Quizás al no poder abrazar a un heredero, decidieron abrazar a las novicias y brindarles la protección y apoyo que no pudieron dar a sus propios hijos. ¿Saben? Las mujeres en ese entonces no tenían muchas maneras de ganarse dignamente la vida. Si no se casaban, su mejor opción era dedicarse a la vida de oración. Ahí estaban seguras.

El hacendado y Marqués de la Cadena, Diego de Caballero y su mujer eran acaudalados. Doña Inés, además, era una mujer de recursos ya que su padre, quien sirvió al conquistador, le dejó varias propiedades. Después de muchas conversaciones decidieron que me construirían en un predio que doña Inés heredó en el corazón de la Ciudad de México. Se solicitó un permiso al Papa Clemente VIII, quien afortunadamente lo concedió. Se decidió que hubiese 33 hermanas (una por cada uno de los años de Jesús); deberían ser jóvenes españolas, huérfanas y pobres, ya que no se les cobraría dote.

Doña Inés murió antes de que me construyeran, pero está enterrada en mi iglesia. Don Diego encomendó la edificación al arquitecto Alonso Martínez López, quien planeó y diseñó mis muros, fuertes y duraderos, de acuerdo con el estilo de la época. Finalmente, mis puertas se abrieron el 17 de septiembre de 1600, fecha en que se inauguró el convento. Los sueños de don Diego y doña Inés se cumplieron.

Mis muros fueron una parte importante del Virreinato. Tanto así que el afamado pintor Miguel Cabrera fue enterrado aquí en 1763. Años después, el arquitecto Francisco Antonio Guerrero y Torres, cambió mi techo de dos aguas por una bóveda con una cúpula octagonal. El tiempo no pasó en balde y me fui deteriorando. En el siglo XIX llamaron nada menos que al gran arquitecto Manuel Tolsá –el que hizo El Caballito– para que dirigiera las mejoras que con urgencia necesitaba. Las construcciones no son baratas, pero las hermanas se las ingeniaron para hacer rifas y con ellas recaudar fondos. Pero pobres hermanas, ni con las rifas pudieron salvarse de su destino. En 1861, con la exclaustración, tuvieron que abandonar el convento. Con su partida empezó mi desgracia. Primero demolieron la torre de mi iglesia. ¡Válgame! Después me dividieron en lotes y me vendieron. ¡Qué les digo! En vez de resguardar novicias acabé guardando telas. Pasaron casi 100 años en los que fui vecindad y bodega, en un estado deplorable. Nadie, ni siquiera doña Inés o don Diego me hubieran reconocido.

A partir de 1988 mi suerte cambió gracias al pintor mexicano José Luis Cuevas, quien me eligió para albergar su obra. No fue fácil, pero su empeño logró devolver el esplendor a mis muros. Me limpiaron, pulieron y pintaron, para restaurar y embellecer cada rincón. El 8 de julio de 1992 fue inaugurado formalmente el Museo José Luis Cuevas en lo que fue el convento de Santa Inés, nada más y nada menos que por el entonces presidente de la república.
A mi patio central llegó una mujer enorme, de metal: “La giganta”. Fue diseñada por el maestro Cuevas ex profeso para este lugar. No sé por qué lo decidió así, pero esta descomunal mujer me devuelve a mi vocación original: dar cobijo a las mujeres.

@FernandaT

Te puede interesar

El Colegio de las Vizcaínas

    Desde su fundación en el siglo XVIII El Colegio de las Vizcaínas se …

Palacio Sara Braun

  El Palacio Sara Braun es una emblemática construcción chilena cuya principal promotora fue una …

Consumos dañinos, por Gabriel Zaid

“Hay que pasar de lo abstracto a los ejemplos convincentes (en la prensa, teatro, cine …