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» El cerebro del masoquista: entre el placer y el dolor

20 febrero 2013






Los masoquistas procesan el dolor de una forma distinta “engañan a su cerebro” para sentir placer.
  • El masoquismo o sadomasoquismo como se conoció por las obras de Marqués de Sades una condición que “que sufren y gozan” muchos seres humanos.

Hasta hace unos años, hablar de masoquismo era un tema tabú, hoy aunque lo sigue siendo, cada vez más personalidades admiten tener cierta inclinación por esta actividad, la premisa es simple, infringir o permitir que nos causen dolor al momento de sostener relaciones sexuales ¿Pero, qué es lo que pasa en la mente de un masoquista? Acompáñanos a conocerlo en esta nota.

El ser humano, por naturaleza, está entrenado para evitar situaciones dolorosas e insistir en las que le producen placer o felicidad, sin embargo, hay quien habla de masoquismo de ‘baja intensidad’: todos conocemos a alguien a quien le encanta la comida tan picante que hace que se le duerma la lengua, todos tenemos algún amigo que corre maratones agotadores, y muchos nos hemos rascado alguna vez una picadura de mosquito hasta levantarnos la piel o dejarla enrojecida. ¿Por qué pasa esto?

Entender la relación entre placer y dolor, puede ser bastante complicado, en ella se relacionan situaciones psicológicas, psiquiátricas y químicas, sin embargo, las tres posturas concuerdan en que para entender esta relación la clave está en que al sentir dolor el cerebro produce una substancia cargada de endorfinas, ésta se asocia con estados alterados de conciencia y con el placer.

Otro factor que se ha propuesto es el alivio que se siente tras escapar o superar una situación desagradable, como sucede en las personas que se autolesionan, generalmente para aliviar un sufrimiento psicológico. Pero el caso del masoquismo es diferente, pues el dolor es percibido como placentero en sí mismo, aunque hay quien ha planteado que el verdadero objetivo del masoquismo se relaciona más con el poder y la sumisión que con el propio dolor.

En un interesante estudio realizado por la Universidad de Dusseldorf se comparaba, entre otros, a un grupo de personas con conductas masoquistas con un grupo de control que no mostraba este tipo de comportamientos. Para empezar, encontraron que el grupo de tendencia masoquista mostraba un umbral de dolor más elevado y valoraba la estimulación láser que se les aplicaba como significativamente más agradable en comparación con los controles. Y aún más interesante, utilizando la técnica de magnetoencefalografía observaron que, tras una primera estimulación táctil indolora, la aplicación del láser ocasionaba una mayor amplitud en la respuesta tardía del área somatosensorial primaria (S1) del cerebro.

Los autores plantearon, según lo publicado en el portal informe21.com, como una explicación tentativa la posibilidad de que las personas con conductas masoquistas sufran una alteración en la modulación del procesamiento de la información somatosensorial. Así, estímulos como el dolor, que en la mayoría de las personas aumentan la activación, serían percibidos como ‘normales’ por aquellos con comportamientos masoquistas.

El interés y la aceptación del masoquismo y el sadismo han crecido en la sociedad, que incluso los ha retirado del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Pero a nivel científico aún queda mucho por saber sobre estas parafilias. La psicología y la neurociencia desean comprender y no juzgar al que disfruta sintiendo dolor. Como se suele decir, “en la variedad está el gusto”.

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